Democracia en peligro

Por Luis Fernando Rey Tovar

El concepto quizá más básico que se ha dado al término democracia, surge de su etimología, con la que se señala que es el gobierno del pueblo.  Ya, desde la antigua Grecia, esta forma de gobierno ha tenido aplicación y desarrollo hasta nuestros días.

La democracia participativa e indirecta, con la cual se fundamenta el ejercicio electoral que se avecina en Colombia, resulta trascendental en la actualidad y hacia el futuro. La elección del próximo Congreso y del próximo presidente(a), puede tener efectos funestos en el ejercicio de la democracia que impera en nuestro país si no se eligen verdaderos demócratas.

Resulta paradójico que muchos de los candidatos que quieren ser elegidos a través de los mecanismos democráticos, manifiesten, sin apenarse, que aquí no hay democracia. Evidentemente, lo que les permite esa aspiración o elección, e incluso que la hayan disfrutado en el pasado o en la actualidad, es, precisamente, tal forma de gobierno. Lo que se avecina, entonces, si llegan a ser elegidos estos negacionistas, es la posibilidad de socavar la democracia y los principios democráticos para sustituirlos por otros regímenes, autoritarios, tiránicos y autocráticos, como sucedió en Venezuela.

El discurso populista no es un asunto que amenace solo a Colombia, como lo señalan Anne Applebaum y Moisés Naim, entre otros. Este comporta unas prácticas polarizadoras surgidas de un discurso simple y de baja complejidad. El dictador o el autoritario sabe cómo llegar al poder a través de la propaganda adecuada.

Las redes sociales virtuales con su inmenso avance ayudan a lograr tal propósito. Los blogueros, creadores de memes, tuiteros, etc., son capaces de distorsionar la verdadera imagen autoritaria para vendérsela a la opinión pública de otro modo. Adicionalmente, se utilizan personas que saben esgrimir un sofisticado lenguaje jurídico para argumentar que violar la ley o la Constitución es correcto.

Decir que se acabará con la pobreza, el hambre, la corrupción o la desigualdad es un asunto que interesa a todos. Son temas que, por supuesto, resultan evidentes e involucran un anhelo común. Pero las propuestas de estos candidatos para superar esos problemas, apelando a argucias como la lucha de clases, no solo resulta improcedente sino peligrosa.

Esas proposiciones simplistas, son ciertamente llamativas y atractivas para quienes buscan la vindicta y creen que apoyando esos candidatos se solucionarán los múltiples problemas que aquejan al país, cuando la realidad es que estos se agravarían si llegase un gobierno antidemocrático.

El voto es un mecanismo de participación democrática, pero se corre un gran riesgo cuando se vota por propuestas o candidatos populistas, como aquellos que niegan la existencia misma de la democracia. En estos casos, pretender castigar o mostrar desdén por la democracia, trae como resultado gobiernos autoritarios, revanchistas y destructivos. El reto entonces para los candidatos que asumen con responsabilidad su candidatura y su eventual elección, dentro de las reglas de la democracia y acorde con las instituciones establecidas en la Constitución, es cumplir sus propuestas y honrar el voto de cada uno de sus electores.

La nuestra es una democracia imperfecta y es necesario corregir la forma de brindar bienestar al ciudadano, respetando los derechos y libertades plasmados en la Constitución Política. Optar por el camino de darle la espalda a la democracia y preponderar opciones autoritarias, llevará a nuestro país al abismo de la ausencia total de libertad. Votemos bien, vale la pena.